- La OPEP no será capaz de evitar un superávit que deje el barril en los 55-57 dólares
- El gas se mantendrá por debajo de los 30 euros (megavatio/hora)
Álvaro Moreno, Vicente Nieves
El año 2025 poco a poco termina, en el que ha sido un ejercicio de locura para el petróleo y la energía. Tras un arranque con dudas donde el barril de referencia europeo llegó a romper la barrera de los 80 dólares, la OPEP rompió sus diques de contención con agresivos aumentos de producción. Esto, de la mano de un mercado ya entregado de por sí a un superávit liderado por EEUU, trajo un descenso total de 22% en lo que va de año y un barril tocando los 61 dólares en diciembre. Ahora los analistas, instituciones y bancos centrales otean el horizonte para anticipar cómo el mercado energético afectará a la economía en 2026. La conclusión parece unánime: el crudo se aventura a una caída cercana al 10% a medida que el agujero que se ha abierto este año se ensancha y el descenso llevará el barril al entorno de los 55 dólares, niveles que no se veían en cinco años.
Por primera vez en muchos años existe un gran consenso entre los analistas. Desde la Agencia Internacional de la Energía (AIE) a JP Morgan, pasando por la EIA de EEUU (no confundir con la AIE), hablan de un superávit histórico de crudo y, por ende, de caídas en el precio del petróleo. El grado de las caídas varía porque el mercado (es casi eficiente) y ya descuenta este escenario. El Brent cotiza en 61 dólares, un precio relativamente bajo (muy bajo) que deja poco margen para grandísimas correcciones, pero sí para caídas adicionales.
La Agencia de Información Energética de EEUU (EIA) ha revisado ligeramente al alza sus previsiones de precio del petróleo para 2025, aunque mantiene un escenario de debilidad en los mercados. En su último Short-Term Energy Outlook (STEO), la EIA prevé que el Brent promedia unos 55 dólares por barril en 2026 y subraya que los precios del crudo siguen bajo presión, ya que el fuerte crecimiento de la producción mundial está pesando más que factores alcistas como los ataques con drones a infraestructuras petroleras rusas o las nuevas sanciones contra el sector energético de Rusia.
De cara a 2026, la EIA anticipa una caída más acusada de los precios, con un Brent que promediará 55,08 dólares por barril y un WTI en torno a los 51,42 dólares, cifras apenas superiores a las de su informe anterior. Según la agencia, el aumento de la oferta global y la menor demanda durante los meses de invierno acelerarán la acumulación de inventarios, lo que empujará los precios a la baja en los próximos trimestres. No obstante, la EIA advierte de que el desplome estará parcialmente contenido por la política de la OPEP+ y por la continuidad en la acumulación de reservas por parte de China, factores que actuarán como freno a una corrección más profunda del crudo.
Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) aunque no entra nunca a valorar formación exacta de precios, sí ofrece una visión bajista para el petróleo al prever que en el primer y segundo trimestre de 2026 sobrarán cada día 4 millones de barriles de petróleo. La AIE admite que esta situación es “insostenible” y los precios deberían reflejarla en algún momento, pero no ofrece un pronóstico exacto de cuántos dólares valdrá el barril de Brent el año que viene.
“El reciente aumento repentino de la oferta en Oriente Medio y América apunta a un excedente insostenible de casi 4 mb/d (millones de barriles diarios) en 2026, lo que deja cada vez más claro que algo tiene que ceder“, señala sin pelos en la lengua la experta. Desde Guyana, EEUU hasta Brasil, la producción de crudo en América se está disparando. Incluso tras los ataques de Ucrania al petróleo de Kazajistán (un gran productor), el precio del barril ha seguido corrigiendo, aseguran desde la AIE.
Incluso la OPEP coincide en este superávit y que este derivará en caídas de precios. El cártel publicó sus previsiones la semana pasada y, a pesar de que planean pausar los aumentos de producción que sacudieron al mercado, considera que habrá un desequilibrio a favor de la oferta, eso sí, menor del que proponen otras instituciones. Según sus datos, la demanda mundial crecerá en 1,4 millones de barriles diarios para 2026. Por su parte, se pronostica que la producción de líquidos crecerá aproximadamente 1,0 mb/d interanual en 2025. Una situación que generaría un superávit reducido pequeño de 20.000 barriles diarios en 2026.
Los expertos ven un enorme superávit
¿Qué hay creerse? ¿Ese mercado equilibrado de la OPEP o el gran agujero de crudo que anticipan la AIE y la EIA? En su informe del mes de diciembre sobre el mercado petrolero, Fitch reducía sus supuestos para el petróleo de cara al ciclo 2026-2027 debido a ello. Sin embargo, su escenario base coincide con ese mercado equilibrado y ven el crudo totalmente estático en los 63 dólares el barril el año que viene y un “ciclo medio” de 60 dólares. Ese es su escenario base, pero en su “escenario de estrés” ven una caída rampante hasta los 45 dólares.
A pesar de unos precios similares a los que cotiza actualmente el barril, la agencia considera que ha revisado sus perspectivas para “reflejar un gran exceso de oferta y un crecimiento de la producción superior a los modestos aumentos de la demanda. Esto también tiene en cuenta la incertidumbre con respecto a los volúmenes rusos y la política de la OPEP+ tras una pausa en el final de los recortes de producción para el primer trimestre de 2026”. Sus cálculos apuntan a una demanda cayendo 800.000 barriles diarios el año que viene.
Warren Patterson, analista de ING, apuesta por un agujero de crudo incluso mayor. “Según nuestro balance, veremos un superávit de más de 2 millones de barriles en 2026. Se prevé que la oferta mundial crezca 2,1 millones el próximo año, mientras que la demanda parece ser más modesta, en torno a los 800.000″. Esto llevará el precio del barril de referencia europeo a los 57 dólares.
Sin embargo, advierten de que Rusia tomará un papel clave en los riesgos, tanto al alza como a la baja. Por un lado, “si las sanciones funcionan mejor de lo esperado dejarían un margen alcista”. Sin embargo, “sospechamos que el uso de intermediarios y los descuentos deberían mantener los flujos de crudo“. Por otra parte, si hay una eventual paz en Ucrania “esto podría conducir al levantamiento de algunas sanciones”. Si bien no creen que esto aumente de forma decisiva el suministro ruso “la eliminación de este riesgo podrían empujar el Brent hacia niveles más bajos, de unos 50 dólares”.
Los analistas de JP Morgan llevan muchos meses sin modificar sus previsiones, pero sí es cierto que cuando lo hicieron a principios de verano metieron un ‘tajo’ de calado al crudo. JP Morgan Research redujo su pronóstico del precio del petróleo Brent desde 66 dólares para 2025 y a 58 dólares para 2026.
Desde JP Morgan insisten que “a riesgo de dar la lata, nuestro mensaje al mercado se ha mantenido constante desde junio de 2023”, aseguran los estrategas de JPMorgan. “Aunque la demanda es robusta, la oferta es simplemente demasiado abundante”. Algunos analistas han asegurado incluso que el petróleo Brent podría perder los 40 dólares por barril en algún momento de 2026 y 2027, lo que no quiere decir que el precio medio durante el año sea más elevado.
Goldman Sachs da en su último informe un análisis similar y pronostica un barril rozando los 56 dólares en 2026. “La ola de oferta de 2025-2026 se debe principalmente a proyectos de ciclo largo que vieron Decisiones Finales de Inversión (FID) justo antes de la pandemia, se retrasaron durante la COVID-19 y ahora están entrando en funcionamiento, así como a la decisión estratégica de la OPEP de desmantelar los recortes de producción”, señaló el banco. Sin embargo, la firma espera una escalada hasta 2028 a medida que se ‘seca’ el petróleo de EEUU sin reemplazos (por la menor inversión).
¿Qué va a pasar con el gas?
Más allá del petróleo, los analistas también debaten sobre el futuro de un mercado de gas que se encuentra en un momento realmente bajo. El precio de referencia en Europa, el TTF, empezó 2025 casi al doble que el año anterior y cargado de dudas. El invierno había sido enormemente duro y las reservas de Europa estaban vacías como nunca desde el año en el que comenzó la guerra de Ucrania y se cortaba el último gasoducto que unía directamente Rusia con Europa (el Soyouz). La tensión era máxima hasta el punto que el mercado se rompió con los contratos a futuro valiendo menos que los de a corto plazo, algo que disparó todas las alarmas.
Sin embargo un invierno suave, una relajación de las normas de abastecimiento de la UE, una demanda suave de Asia y un enorme suministro de EEUU inesperado en plena era arancelaria provocaron algo histórico. En solo 12 meses un mercado con enormes advertencias rompió suelo en cuanto a precios. Lleva desde finales de noviembre por debajo de los 30 euros el megavatio hora. Para entender las implicaciones de esto, no pasaba en esta temporada (invierno) desde la pandemia.
Ahora los analistas creen que estamos a las puertas de una nueva era del mercado donde una oferta desatada y la nueva fórmula de la UE (contratos a largo plazo) traen una nueva era de precios en el continente. De cara a 2026 los expertos esperan que no haya grandes movimientos. Según ABN AMRO, “se prevé que los precios del gas promedien los 40 euros el megavatio hora (todo 2026) y que caigan por debajo de los 26 euros en verano“. “De cara a 2026, prevemos que los precios disminuirán gradualmente a medida que se ponga en funcionamiento nueva capacidad de producción de GNL de EEUU, Canadá y Catar, lo que aliviará la actual escasez de suministro”, explica la firma.
Según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, se espera un aumento de la capacidad que dé lugar a un gran excedente de 65 bcm en su escenario base de 2027 a 2030. EEUU será el principal catalizador de este cambio, pero también otros países como Catar. Según la AIE este gran sobreabundancia de gas generaría una caída del 40% en el TTF gracias a una capacidad de exportación de EEUU de 12,8 bcf al día. Por poner esta última cifra en contexto, EEUU pasará a suministrar un tercio de todo el GNL del planeta.
Tal es la sobreabundancia que generarán los proyectos de Catar y el suministro de EEUU que desde el Foro de Países Exportadores de Gas (GECF, por sus siglas en inglés), consideran que en 2026 los precios no superarán los 32 euros el megavatio hora y se ubicarán normalmente en los 30 euros. Por su parte la agencia Fitch habla abiertamente de una caída que lleve a una cotización en el rango de los 25 y 28 euros de media el año que entra.
En definitiva, salvo sorpresa, los precios de la energía se mantendrán contenidos, tanto gas como petróleo, mientras el agujero que lo ha dominado todo se expande respecto a este 2025. En ese sentido, la energía se convertirá en un elemento de distensión para unos precios que ya están atados y los bancos centrales podrán respirar… salvo sorpresa. Los últimos años han puesto de manifiesto que el mercado energético global, en particular el petróleo y el gas es realmente caprichoso y solo hacen falta unas chispas geopolíticas para que todo cambie en cuestión de semanas. De momento, estas son las perspectivas que las instituciones y expertos del sector han puesto encima de la mesa para cerrar un 2025 que pasará a la historia como el año que la OPEP pisó el acelerador y ‘rompió el mercado’ y que el gas se desmoronó desde su peor invierno.